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jueves, 25 de agosto de 2011

El ejército del vacío entra en escena



Sorprendente desenlace.

Hace miles de años, la emperatriz era protegida por el ejército de piedra, pero este demostró ser débil y vulnerable, pues pese a su descomunal fortaleza, carecía de valores. Por este motivo, el señor del vacío fabrico la llamada “arma secreta”.

Pero la realidad es que no existe arma secreta alguna. El arma secreta son todos aquellos samuráis que durante su entrenamiento demostraron ser los mejor preparados y los más dispuestos. Todos aquellos que confeccionaron sus armaduras en casa con sumo cuidado y esmero, aquellos que se metieron en el papel y supieron sentirse como auténticos samuráis, los que se quedaron roncos de gritar para animar el juego, los que se esforzaron por encima de sus propias posibilidades hasta superar todas las pruebas, aquellos que ayudaron al compañero en apuros, los que tuvieron claro que por encima de la guerra estaba la paz, aquellos que comprendieron el verdadero significado de la palabra samurai: servir.

Todos ellos fueron elegidos para formar parte de la guardia personal de la emperatriz: el ejército del vacío. Un grupo de valientes samuráis fieles a unos valores.

Desde entonces todos ellos son merecedores de portar el Kanji del vacío, signo que los identifica como personas dispuestas a servir a los demás y transformar la sociedad.



El arma secreta del señor del vacío













Un sensei es más que un maestro para un aprendiz; se podría decir que es casi como un padre. Nos transmiten todos sus conocimientos, corrigen nuestros errores y nos ayudan a progresar en nuestro camino hasta convertirnos en auténticos samuráis.

Pero llega un momento en el entrenamiento de cada samurai, en que el alumno debe superar al maestro. Se trata de un momento duro, pues enfrentarte a tu mentor no es tarea fácil.

La prueba de sumo, la cremallera humana, construir una presa en el río, superar la telaraña sin hacer sonar los cascabeles, desbordar el cubo trasportando agua con tu propio cuerpo, la prueba de las geishas, correr rápido como el viento sin que la hoja de papel se despegue de tu pecho, atrapar moscas con palillos para comer, la prueba de los dragones, la pirámide de samuráis…

Los senseis nunca se lo ponen fácil a los aprendices, pero con esfuerzo y afán de superación, los habitantes de DOKKAN fueron poco a poco venciendo las dificultades impuestas por sus propios maestros. Todo ello para demostrar al señor del vacío que eran dignos de portar el arma secreta del ejercito del vacío, el arma definitiva que permitiría proteger a la emperatriz y llevar el bien a todos los rincones de DOKKAN.